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Rampe Del Petraio , Napoli

NÁPOLES – Hay una ruta que, más que ninguna otra, encarna el alma de Nápoles, suspendida entre la historia, la fe y el romanticismo.

Se trata de las Rampas de San Antonio, más conocidas como las “trece bajadas”, un camino sinuoso que se abre paso entre el tiempo y la piedra para llegar directo al corazón.

La ruta tiene sus raíces en la época grecorromana, pero debe su trazado moderno al virrey español Ramiro Núñez de Guzmán, quien en 1643,

reconociendo la importancia estratégica de la conexión entre Chiaia y las aldeas de Posillipo, encargó su construcción.

Una placa con una inscripción en latín aún conserva el recuerdo de aquella hazaña.

Con el tiempo, las rampas se ampliaron para facilitar el acceso de los fieles a la iglesia de San Antonio de Padua, que desde 1642 vigila el golfo, dando nombre a toda la ruta.

Hoy, tras siglos de pequeñas modificaciones y rampas absorbidas por la urbanización,

la subida supone una prueba para los conductores más valientes:

estrecha, con curvas cerradas que requieren habilidad.

Pero el destino merece la pena: la plaza panorámica, construida en 1970, es universalmente reconocida como el balcón más romántico de la ciudad.

Al caer la noche y Nápoles se ilumina con mil luces, esta vista al mar se convierte en el escenario perfecto para declaraciones de amor, el lugar donde todo napolitano, al menos una vez en la vida,

lleva a su pareja a besarse bajo las estrellas.

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